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Poetry and PlasticArt

Grupo de Trabajo 2 |

POESÍA Y PLÁSTICA - POETRY & PLASTIC ART


La mirada del poeta

Cuando miro un cuadro intento espontáneamente ‘mirarme’. Detrás de qué trazo, color o juego me reconozco. Pro yo nunca seré el autor del cuadro. Ni jamás estaré allí donde el autor del cuadro imaginó y pintó luego el cuadro. No sé cuáles fueron sus estímulos. Aún en el supuesto de que haya podido conocerle, nunca se conoce a alguien en el momento de su acto creativo. Sin duda ‘tu hombre-autor’ (capacidad de ser humano-creador) es la metáfora de lo real (soñado o por soñar, supuestamente vivido, historia). Y dentro de ese conjunto (realidad) te incluyo. Tener liquidez es demostrar solvencia. Pero también probar la propia inocencia: Que no se pinta para matar a alguien (algo) o para matarse a sí mismo. El cuadro pintado es una generosa herramienta de libre uso y consumo. Si la obra te habla ‘desde la obra’ (el lado oculto del cuadro, del que sólo sabe su autor).

Lo crítico, lo moderno, la racionalidad instrumental es el signo de nuestro tiempo. Porque nuestro tiempo es aceleración. Rápido consumo de productos en mercados sin rostro. Deshumanizados. Triste sería que se consumiera arte como ‘desarrollo’, adaptación a exigencias ‘modernas’ de disfrute. Cuando los eventuales consumidores aún no saben cómo fue posible el salto: de una edad (estado) de progreso a otro en el que ese progreso ya es historia, que se ‘muestra’ (en museos) tan solo como eso. Lo que fue. Sin que importe saber por qué y cómo fue lo que sucediera, protohistoria (en definitiva) de lo que ahora sucede. Ha llegado la hora del consumo rápido, inmediato. Tele-consumo, información que no genera bienestar posible, porque no genera conocimiento estable. Ni siquiera saber qué papel ocupo yo ahora (como ser humano) en el universo más inmediato.

La mirada del loco fue alguna vez postmoderna?

[Román Reyes]


Así es mi ruina interior ...                           

No hay ruinas. Hay ruina. Como no hay interiores. Hay interior. ´Mi’ interior. 

El plano sobre el que proyectamos esa ruina es ruina. De lo ocasional. De la mentira. No es plano estable. Como tampoco es estable la intensidad y flujo de la proyección. Ni siquiera un cuadro es estable. Estable sería, en su caso, la traición del artista cuando da autonomía a su obra.

El plano sobre el que la ruina se proyecta es ocasión. Mentira. Plano en penumbra reconocible sólo ‘desde dentro’ (que es fuera del cuadro). Y ‘dentro’ del interior de la ruina. El interior de la ruina es una misma. Que es también ruina.

El cuadro (que ve la ruina) es epifanía de la ruina. Lo santo que la ruina es. Que, siendo fuera, no deja de ser sagrado. Esta es la efímera existencia del interior ‘fuera de sí’. 

Lo exterior es sagrado si es reflejo de la sacralidad. Metáfora de cosas o imágenes de cosas, que ocultan sagrado fingiendo profano. 

En mercados públicos compramos ruina, fingiendo comprar cosas. ‘Ruina desvelada’, que ni siquiera vale el valor que se asigna a cosas-mercancía. Las cosas valen como manjar. Porque el valor es seducción o es no-valor. El acto de comerlas es valor. El acontecimiento del comer. Las cosas que seducen, que nos hablan, son valiosas si se gastan, consumen. El valor es valor de ruina. Valor de sí misma. Compramos valor pasajero.

Así es mi ruina interior. Un ‘así’ que es la dueña de esa ruina. No otra cosa. Que ni siquiera es ‘así como’. Porque la dueña es ruina y espejo de lo que la ruina nombra. No hay ruina como la ruina de quien se ve ruina en ese cuadro en penumbra. Porque sólo ella puede callar lo único que sabe: ‘Así es mi ruina interior’.

[Román Reyes]



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